RENOVACIÓN CARISMÁTICA CATÓLICA DE LOS ESTADOS UNIDOS Y CANADÁ

 

3. Sígueme (Marcos 2,14) 

El discipulado empieza con el encuentro personal de Jesús entre Él y la persona a la que Él llama. En Mc. 2,14-17; Mt. 9,9-13; Lc. 5, 27-32, Jesús se detiene ante alguien que está haciendo su trabajo de cobrador de impuestos. Jesús lo mira con esa mirada cautivadora y magnética tan propiamente suya y le dice: "Sígueme". 

 

            Dice la Palabra que Mateo,  "se levantó y lo siguió". Y es que este  cobrador de impuestos, odiado por su pueblo judío porque lo consideraban un traidor por trabajar para el imperio romano; y detestado por considerarlo extorsionador por lucrarse con el cobro de impuestos a costa de sus hermanos judíos, este hombre que tenía hasta entonces su corazón puesto en el dinero, es tocado en lo más profundo de su ser por la invitación avasalladora de Jesús.

 

            ¿Por qué esa mirada de Jesús tiene ese poder transformador en Mateo, capaz de empujarlo a dejar todo y seguir al Maestro? Ah, es que el Nazareno lo mira diferente, lo mira como nadie nunca lo ha mirado antes. Hasta ahora él sólo sabe de miradas acusadoras y resentidas. El Nazareno lo ha mirado diferente; lo ha amado intensamente a pesar de su miseria humana. Mientras otros lo odian, lo detestan y lo desprecian, Jesús lo abraza en su misericordia, y lo ama sin límites.

 

            Por eso no puede resistirse. Decide inmediatamente dejar su trabajo lucrativo, dejar su vida cómoda, desprenderse de todo e irse con Él.  Se siente tan agradecido que no sabe cómo responder a la invitación. Lo invita a su casa, le ofrece un gran banquete en el cual incluye a todos los amigos que por supuesto son como él. Por eso los fariseos acusan a Jesús de comer con "pecadores". 

 

            Como sería aquel banquete con "pecadores".  Cómo sería aquella cena donde la gracia y el pecado están presentes, donde la Presencia del Redentor empieza a inundarlo y a lavarlo todo.

 

            De la historia de esta llamada podemos aprender:

 

1.    Jesús nos llama a ser sus discípulos independientemente de quienes somos. Jesús nos ama intensamente y nos acepta cómo somos.  Él nos mira cómo lo que podemos llegar a ser. Dejémonos inundar de su mirada. Dejémonos que ella nos penetre hasta lo más profundo de nuestro ser.

 

2.    Jesús, el Maestro, me ha llamado a mí, te ha llamado a ti, y ha llamado a otros a través de nosotros. Igual que Mateo que preparó un banquete para Jesús, y en el cual incluyó a sus amigos, nosotros debemos también invitar a otros al Banquete de la Santa Misa, a los Sacramentos, a los grupos de oración. 

 

3.    Mateo, el odiado por los demás por lo que hacía, llega a ser uno de los apóstoles elegidos de Jesús, y autor del primer Evangelio. Como él, debemos dejarlo todo, sobretodo aquello que es una barrera en la relación entre Dios y nosotros. Si queremos ser sus discípulos, tenemos que empezar a soltar y dejar. Es entonces que nuestros corazones van a abrir espacio para el Maestro. 

 

4.    ¿Estamos preparados para responder a la mirada y llamada de Jesús al decirnos: "Sígueme"?

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