RENOVACIÓN CARISMÁTICA CATÓLICA DE LOS ESTADOS UNIDOS Y CANADÁ

 

1. El Llamado a Servir‬

La Biblia no hace distinción entre convertidos y servidores, al contrario asume que quien haya dicho “sí” al llamado de Dios, entra automáticamente a su servicio. En cuanto a esto, la Palabra de Dios nos dice: “Todo esto es la obra de Dios, quien por medio de Cristo nos reconcilió consigo mismo y nos dio el encargo de anunciar la reconciliación” (2 Cor. 5:18).

Es el Señor quien llama primero. “Mira, yo estoy llamando a la puerta; si alguien oye mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaremos juntos” (Ap. 3:20). ¡Que importante es saber esto!, pues en nuestros momentos de dificultades, no nos desanimamos sabiendo que “El que nos llama es fiel y cumplirá todo esto”. Tengamos en cuenta que su llamado originalmente se remonta a nuestro nacimiento. Nos dice el apóstol Pablo: “Pero Dios, que me escogió antes de nacer y por su gran bondad me llamó, tuvo a bien hacerme conocer a su Hijo, para que anunciara su evangelio entre los no judíos”.

La palabra “servir” tiene tres significados mayores:

  ADORAR                   OBEDECER                                    TRABAJAR(obras)

                          

   orar                   guardar los mandamientos                       interceder

   alabar                    guardar la santidad                          usar sus dones

   cantar           dejarnos guiar por el Espíritu Santo 

  meditar              someternos a las autoridades        

congregarse

 

De estas tres áreas la mas difícil de cumplir es la obediencia. Sigamos el ejemplo de Jesús, que por su humillación Dios le dio el más alto honor y el más excelente de todos los nombres.

¿Cómo responder a su llamado?

El te llama así como tú eres. Jesús no les dio a los apóstoles un entrenamiento especial para empezar a servir. Sólo dijo: “Síganme, y yo haré que ustedes sean pescadores de hombres”. En otras palabras, los entrenó por el camino. 

Ya Dios ha hecho su parte: te llamó a salvación, dándote una nueva vida en Cristo Jesús; te hizo parte de su pueblo, y ahora eres verdadero hijo(a) de Dios; te ungió con su Espíritu, y te hizo un testigo del poder de Dios; y te ha equipado dándote las herramientas (sus dones) para la construcción del Reino.

Ahora nos toca a nosotros honrar ese llamado: manteniéndonos fieles; amándole, por que El nos amó primero; cumpliendo responsablemente con el trabajo que nos ha confiado; y asumir responsabilidad personal por nuestra propia formación, sin tener que estar dependiendo “siempre” de lo que me puedan enseñar los demás.

Cuando creas que ya has hecho mucho por el Señor acuérdate de estas palabras: “Por mas que haga para El, siempre estaré en deuda con El”.

 
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